BEM VINDO AO BLOG DA REDE!!! OBRIGADO POR NOS VISITAR!!!

Graça e Paz

LA NATURALEZA APOSTOLICA DE LA IGLESIA

UN MOSAICO VIVIENTE DE LO APOSTOLICO
Apóstol, John Eckhardt

Por tanto, mirad; yo os envío profetas, sabios y escribas; y de ellos, a unos matareis y crucificareis, y a otros azotareis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad. (Mateo 23:34).
“Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán. (Lucas 11:49).

D
ios nos ha dejado un mosaico viviente de lo apostólico y lo podemos encontrar en las Escrituras. Como Iglesias de los últimos tiempos será sabio que estudiemos este mosaico. Aquí miraremos figuras en el Antiguo Testamento que representan la dimensión apostólica y ofrecen aplicaciones personales para cada una de nuestras vidas como creyentes. El apóstol Pablo dice en el libro de Romanos: “Pues lo que fue escrito anteriormente (en el Antiguo Testamento,) fue escrito para nuestra enseñanza” (Romanos 15:4).
Jesús mencionó en el libro de Mateo a profetas, sabios y a escribas como personas que fueron enviadas por Dios. En Lucas, los sabios son cambiados por apóstoles (Lc.11:49). Pablo se refirió de sí mismo como un “perito arquitecto” (vea 1 Cor. 3:10). El pasaje menciona que la “sabiduría de Dios” es la que envía a los apóstoles. En otras palabras, los profetas, apóstoles y escribas son enviados por la sabiduría de Dios.
Los ocho capítulos de Proverbios delinean los atributos y beneficio de la sabiduría. Estos incluyen cosas excelentes, cosas rectas, verdaderas, dan instrucciones, mencionan la prudencia, el conocimiento, la discreción, el consejo, el entendimiento, la fortaleza, el honor, la justicia, la bendición, la vida y el favor de Dios. Todas estas cosas son transmitidas por uno que es enviado.
El que es enviado va en el espíritu y la autoridad del que lo envió. Si ellos son enviados por la sabiduría de Dios, ellos vendrán con el Espíritu de la sabiduría. Un pueblo Apostólico caminará y manifestará el “espíritu de Sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo” (Ef.1:17). Esta es la sabiduría necesaria para edificar, administrar y dirigir adecuadamente.
El apóstol en la epístola a los Efesios 1:15-23 presenta una nueva dimensión espiritual. El pide en oración que Dios desate sobre ellos el “espíritu de sabiduría y de revelación, en el conocimiento de (Jesucristo) él” (v.17).
¿Qué se entiende por el “espíritu de sabiduría y de revelación”? El mismo pasaje destaca algunas interesantes palabras que nos permiten entender a cabalidad esta otra dimensión de vida espiritual que el creyente, por naturaleza, debe aspirar alcanzar en su desarrollo cristiano.
El apóstol aquí nos habla de: “alumbramiento”, de “entendimiento”, de “esperanza”, de “llamamiento”, de “riquezas en gloria”, de “herencia” de “grandezas”, de “poder”, de “fuerza”. También habla de todo el mundo espiritual adverso: “principados” y “autoridades”. Habla del sometimiento de las fuerzas malignas al señorío de Jesucristo y de gozar de una “plenitud de vida espiritual”.
Necesitamos conocer el “espíritu de sabiduría y de revelación”. ¿Por qué? Porque aquí están todas las bendiciones que nos trae el evangelio del Reino. ¿Qué significa para nosotros el “espíritu de sabiduría y de revelación”? Esto significa tres cosas:

• Significa descubrir las riquezas espirituales en Dios (Ef.1:17-18).
• Significa usar el poder que operó en la resurrección de Cristo (Ef.1:19-20).
• Significa ejercer autoridad de Cristo sobre el mundo espiritual (Ef.1:21-22).

Cuando usted y yo entendemos estos significados, podremos vivir a plenitud nuestra vida de amor y de servicio a Dios y a los hombres.
La Iglesia tiene el deber de manifestar la “multiforme sabiduría de Dios… a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios 3:10). En otras palabras, la iglesia a través de la sabiduría y la revelación, impactará en el mundo espiritual. Los que tengan un llamado para el ministerio apostólico recibirán y caminarán en un nivel más alto de sabiduría y revelación espiritual. La iglesia no puede ser edificada sin la sabiduría de Dios.
El proverbista dijo: “Con Sabiduría se edifica la casa y con prudencia se afirma” (Proverbios 24:3). La Sabiduría apostólica y profética es necesaria para edificar la iglesia, la casa del Señor. Esto tiene un sentido global y local. La(s) iglesia(s) local(es) necesita(n) la dimensión apostólica para ser edificada(s) adecuadamente. Debe edificarse de acuerdo al modelo ordenado por Dios. El plano debe obtenerse por la revelación del Espíritu de Dios.

Moisés y los diseños de Dios

“Y harán un santuario para mi, y yo habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis” (Éxodo 25:8-9).

El Señor instruyó a Moisés que debía construir el santuario según el modelo que le fue dado en el monte. Moisés no lo hizo empleando su criterio o sabiduría humana. A través de la humana sabiduría, la Iglesia jamás será construida adecuadamente. El anteproyecto debe venir directamente del cielo. El plan de Dios para su iglesia es diferente del plan de los hombres. Las Iglesias que no son construidas con sabiduría y revelación apostólica tendrán un fundamento defectuoso. El enemigo se aprovechará de las grietas y desperfectos para dañar la obra.
En este sentido, Moisés viene a ser un tipo del ministerio apostólico. El recibió el diseño del Señor para construir el santuario conforme al plan de Dios. Las dimensiones y detalles del santuario le fueron dados por revelación. Los apóstoles reciben diseños para la iglesia. Ellos son peritos arquitectos. Ellos son los arquitectos espirituales que reciben la sabiduría apostólica necesaria para edificar en forma apropiada.
Jehová habló a Moisés diciendo: “Mira, yo he llamado por nombre de Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, y lo he llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano, para hacer diseños artísticos y para trabajar en oro, plata y bronce; en el tallado de piedras para engastar, en el tallado de madera y para realizar toda clase de labor” (Éxodo 31:1-5).
Bezaleel, Oholiab y todos los sabios de corazón en quienes Jehová había puesto sabiduría y entendimiento para hacer toda la obra de la construcción del santuario, harían todas las cosas que el Señor había mandado (Éxodo 36:1).
La sabiduría es la clave para edificar el santuario en forma apropiada. Bezaleel y Hur fueron hombres con destreza y capacidad para este trabajo.
Ellos sabían cómo construir y dar forma al tabernáculo, porque ellos tenían la sabiduría para hacerlo. Ellos le imprimieron belleza y excelencia al santuario. La casa del Señor sería un lugar de excelencia. Cada cosa reflejaría la hermosura y la excelencia del Señor.

Nehemías, el reconstructor

“Y respondí al rey: Si le agrada al rey si tu servidor es acepto delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey (y la reina estaba sentada junto a él) me preguntó: - ¿Hasta cuándo durará tu viaje, y cuándo volverás? Le agradó al rey enviarme, y le señalé un plazo” (Nehemías 2:5-6).

Nehemías fue enviado a reconstruir. El Espíritu Apostólico es un espíritu constructor. Dondequiera que se encuentra la dimensión apostólica, usted encontrará construcción o reconstrucción.
A pesar de la oposición, Nehemías fue capaz de reconstruir los muros de Jerusalén porque él fue enviado para eso. Tuvo la autoridad del rey para hacerlo.
Nehemías es un ejemplo de la combinación entre guerra espiritual y trabajo. El ordenó a los edificadores tener en una mano el arma y en la otra las herramientas de trabajo para construir. Eso significa que, no hay construcción sin guerra. Satanás se opondrá a la edificación de la iglesia. Las iglesias apostólicas son similares a la experiencia vivida por Nehemías. Durante la guerra son capaces de pelear atravesando la oposición para seguir construyendo. En este sentido, Isaías dijo:

“Reedificarán las ruinas antiguas y levantarán las desolaciones de antaño. Repararán las ciudades destruidas y los escombros de muchas generaciones” (Isaías 61:4).

Este es el resultado del ministerio al que uno es enviado. Este pasaje de Isaías está referido al ministerio restaurador del Señor. Jesús, durante su ministerio terrenal, se aplicó a sí mismo este pasaje mesiánico. Cuando visitó Nazareth, la tierra donde se había criado, fue a la sinagoga: “y como era su costumbre”, se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, donde leyó y se aplicó a él la misión descrita en la porción leída:

El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del SEÑOR. (Isaías 61:1-2 NVI; vea Lucas 4:16-21).

Este pasaje ilustra adecuadamente la descripción de trabajo del Mesías. El Espíritu del Señor ungió a Cristo para ministrar a las necesidades de los hombres. Su redención no tendría como objeto librarlos del poder de Roma. Sus victorias no serían sobre enemigos políticos, sino sobre el pecado, expresadas en el poder del mundo, del diablo y de la carne. De acuerdo al pasaje de Isaías, el pecado empobrece, entristece, esclaviza, enceguece, oprime y roba toda esperanza al hombre. Pero, por otro lado, la obra del Mesías es evangelística, sanadora, libertadora y restauradora.
Si el ministerio del Señor tuvo estas características restauradoras, también lo será la unción que reposa sobre aquellos que son enviados: producirán restauración y reconstrucción.

El Tabernáculo de David como Modelo

“El Tabernáculo de David” es un prototipo de la Iglesia apostólica y del ministerio apostólico. Hoy, a través de la restauración de la Iglesia apostólica, Dios está restaurando el Tabernáculo de David en todo su esplendor.
El Tabernáculo de David debe tener el espíritu de David. Esto se refiere al corazón y los sentimientos de Dios. ¿Qué enseña la Biblia sobre David?

“Quitado este (Saúl), les levantó por rey a David, de quien dio testimonio diciendo: “He hallado a David hijo de Isaí, hombre conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22).

El espíritu aquí es la naturaleza esencial de una persona o grupo. Una actitud o principio que inspira y expande el pensamiento, el sentimiento y la acción en liberación, valentía, justicia y adoración profética. A David se le denomina “el dulce cantor de Israel” (2Samuel 23:1). Cuando él tocaba a Saúl, este recibía alivio y refrigerio espiritual a sus tormentos. David podía ministrar con una fresca unción. El concepto de “Refrigerio” significa dar una nueva frescura, restaurar, y revivir algo.
Es decir, la música que interpretaba David le traía a Saúl bienestar y alivio. David tocaba el arpa con gran ingenio y versatilidad en la interpretación. Era música ungida que hacía que el espíritu malo que atormentaba a Saúl se retirara de él. Por tanto, el espíritu de David es un espíritu de liberación (1 Samuel 16:23).
David también fue un hombre valiente y audaz en batalla. El fue un hombre de guerra, y una persona prudente (1Sam.18:5). El vocablo “prudente” significa sabio al manejar asuntos prácticos, ejercitando buen juicio o sentido común. También quiere decir, cuidadoso de la conducta personal que presta atención a las circunstancias y sus potenciales consecuencias.
David también era hermoso y de buen parecer. Era una persona atractiva, agradable, íntegra y gozaba del favor del Señor (1 Samuel 16:18).
David como rey ejerció juicio y justicia sobre Israel. Fue imparcial y un hombre justo (2Samuel 8:15).
David era un hombre que buscaba y adoraba a Dios. El amaba la presencia de Dios. El tenía temor de Dios, aún cuando era un guerrero. Obviamente, el Tabernáculo de David tendrá su espíritu. El fue su fundador y edificador. El mismo espíritu de David es el que veremos en la Iglesia de hoy. El profeta Amós dijo:

“Después de esto volveré y reconstruiré el tabernáculo de David, que está caído. Reconstruiré sus ruinas y lo volveré a levantar” (Hechos 15:16; Amós 9:11).

Amós profetizó que el Señor reconstruiría el Tabernáculo de David. El rey David levantó este tabernáculo y le dio a Israel un gran modelo de adoración. Recuerde que los apóstoles traen modelos a la iglesia. David es un prototipo del ministerio apostólico en el sentido que dejó para Israel un modelo de adoración.
El Tabernáculo de David fue simplemente una tienda levantada en la cual el arca de Dios fue instalada. Alrededor de esta tienda estuvieron los músicos y cantores que alababan al Señor continuamente. A cargo de este ministerio de adoración continua puso a Asaf y a sus hermanos, para que sirviesen delante de Su presencia, e hicieran cada cosa en su día (1 Crónicas 16:37). Esta fue una adoración profética establecida por David.

Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para el servicio del tabernáculo a algunos de los hijos de Asaf: Hemán y Jedutún. Ellos profetizaban con arpas, liras y címbalos. La lista de los hombres que realizaban su servicio fue: De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarela. Los hijos de Asaf estaban bajo la dirección de Asaf, quien profetizaba bajo la dirección del rey (1Crónicas 25: 1-2).

La adoración profética incluye cántico nuevo, espontáneo y profético. Esto hace que los salmistas y ministradores fluyan proféticamente en la Casa del Señor. El tabernáculo de David provee una atmósfera para la manifestación gloriosa de la presencia de Dios. Esta presencia del Señor trae sanidades, milagros y liberación.
El tabernáculo de David representa la verdadera adoración. Se trata de una adoración hecha en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Si esto se cumple, nuestra adoración tendrá una dimensión profética, porque el Espíritu Santo es también un Espíritu profético.

El Templo de Salomón, un modelo
de continuidad

David dejó un modelo para las futuras generaciones. El dejó un modelo de adoración que caería en ruinas y sería restaurando por reyes tales como Ezequías y Josías. David también dejó a su hijo Salomón el modelo para construir el templo.

“David entregó a su hijo Salomón el diseño del pórtico, de sus edificios, de sus almacenes, de sus salas superiores, de sus cámaras interiores y del lugar del propiciatorio” (1 Crón. 28:11).

También entregó el diseño de todo lo que tenía en mente para los atrios de la casa de Jehová; para todas las cámaras de alrededor; para los tesoros de la casa de Dios, para los almacenes de las cosas sagradas.
El Templo de Salomón fue construido según el modelo que David entregó a su hijo. Las iglesias locales que no son construidas según el modelo celestial, no podrán contener la gloria que se derrama cuando son edificadas correctamente. Cuando Salomón acabó de construir; el Señor confirmó la obra, manifestando su presencia, esto está descrito en 2 Crónicas 5:14; 7:1-3.
Siempre que la presencia de Dios se ha manifestado notoriamente, nadie ha podido permanecer indiferente. La razón: ¡Su presencia es irresistible! La Biblia dice que Dios respaldo el modelo de adoración cuando el rey Salomón, inauguró el templo. Una vez que el rey hizo su oración de dedicación, “descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová” (2ªCrónicas 7:1-2).
Los sacerdotes no pudieron franquear la presencia divina que llenaba el lugar. La reacción del pueblo, que observó este fenómeno sobrenatural, fue con una actitud de postrada adoración. Nadie quedó indiferente ante tan sublime manifestación divina.
“Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová...” (2ªCrónicas 7:3).

De este modo, las iglesias apostólicas tendrán la manifestación de la presencia de Dios, porque ellas son edificadas con la sabiduría apostólica, conforme al modelo celestial.

Ezequías, restaurador de la adoración davídica

“Entonces el rey Ezequías y los dirigentes mandaron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y del vidente Asaf. Y ellos alabaron con grandes gozo, y se inclinaron y adoraron” (2 Crónicas 29:30).

Ezequías fue un tipo del ministerio apostólico porque restauró la adoración davídica en Judá. El Tabernáculo de David había sido lo central en la adoración de Israel. Así, la dimensión apostólica produce la reconstrucción del “Tabernáculo de David, que estaba caído” (Amós 9:11). Este es el modelo del Señor para la adoración en la iglesia. Los apóstoles usan el modelo (planos) para edificar conforme a las especificaciones del Señor.
La adoración incluye el “cántico nuevo”, es decir, canciones espontáneas y canciones proféticas (vea las siguientes referencias Salmos 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 144:9; 149:1; Isaías 42:10; Efesios 5:19; Colosenses 3:16; Apocalipsis 5:9; 14:3).
El fluir profético en la Casa del Señor se derrama a través de los salmistas y del director de canto. El tabernáculo de David provee una atmósfera para que se manifieste la gloria de Dios. Esto es la manifestación de la presencia de Dios que traerá sanidades, milagros, liberación y las manifestaciones de los Dones espirituales.
La restauración es parte intrínseca de la dimensión apostólica. Todas las cosas que la Iglesia ha perdido con el correr del tiempo serán restauradas. Apostólicamente hablando, estos son los tiempos de la restauración (Hechos 3:21). Los tiempos apostólicos son tiempos de restitución. La iglesia necesita la dimensión apostólica para ser capaz de reconstruir viejos lugares arruinados, para salir de la desolación y reparar las ciudades en ruinas.
El resultado de la restauración del Tabernáculo de David permite que los gentiles puedan buscar al Señor (Hechos15:17). Las naciones serán despertadas cuando la verdadera adoración sea restaurada en la iglesia. Los pecadores serán atraídos hacia la iglesia. El profeta Amos, también profetizó que los santos poseerían el remanente de Edóm y todas las naciones paganas. Esta es una palabra profética, concerniente a poseer las naciones para el reino de Dios. Habla del avance del Reino. Todo lo dicho hasta aquí explica por qué el tabernáculo de David debe ser (y esta siendo) restaurado a través de la unción apostólica.
Ezequías restauró la estructura de la casa de Dios. Cada vez que la casa de Dios pierde su estructura en la tierra, el Señor levantará ministerios apostólicos para restaurarla.

José y las generaciones futuras.

“Pero Dios me ha enviado delante de vosotros para preservaros posteridad en la tierra, y para daros vida mediante una gran liberación” (Génesis 45:7).

Estas son las palabras que José dijo a sus hermanos cuando los perdonó. El afirmó que había sido enviado por el Señor a Egipto, delante de su familia para asegurar la posteridad de ella sobre la tierra.
Uno que es enviado asegura la posteridad. La posteridad tiene que ver con las futuras generaciones. El ministerio apostólico afecta a las futuras generaciones y detiene la destrucción. La dimensión apostólica produce vida espiritual que será afirmada de una generación a otra. Sin ser enviados, el mover de Dios cesará.
José describe la salvación de su familia como una gran liberación. Como se mencionó anteriormente, la dimensión apostólica contiene dentro de sí una unción de liberación. Esto es la capacidad de liberar a aquellos que están contados para morir. Esta es una característica del ministerio de uno que es enviado. Cuando la iglesia pierde la dimensión apostólica pierde su posteridad.
José libró a su familia en tiempos de hambre. Sin José, Israel habría muerto. Ellos fueron alimentados y preservados por José. La aplicación que hacemos de esto es: ¡El que es enviado alimenta y preserva a otros!
Dios había enviado a José, delante de ellos; aunque José había sido vendido como esclavo por sus hermanos. Estas experiencias vividas fueron de gran dolor para José. La Biblia da a entender que lo afligieron con grilletes en sus pies, y en su cuello pusieron cadenas de hierro, hasta que se cumplió su palabra, y el dicho de Jehová lo aprobó. Entonces el rey mandó que lo soltaran; el soberano de los pueblos lo desató. Lo puso como señor de su casa y como gobernador de toda su posesión, para que disciplinara a su gusto a los grandes y a sus ancianos enseñasen sabiduría (Salmos 105:17-22).
José fue hecho gobernador de Egipto. Recibió autoridad sobre las posesiones de Faraón. Así la dimensión apostólica contiene dentro de ella la capacidad para gobernar. Le da a la iglesia la sabiduría para gobernar sobre la tierra.